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Reflexionando en el “Día de los muertos”

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Hasta hace año y medio podía decir con mucho orgullo “tengo a mis cuatro abuelos vivos”  (algo muy poco común para alguien de treintayquibole) pero sabía que, por ley de vida, esa dicha no me duraría mucho más tiempo.  Y así fue, primero se fue la mamá de mi papá, seguida un año después por mi abuelita materna, allí ya tenía el blog y encontré en las letras una herramienta que me ayudo mucho con mi duelo, dedicándole Un Legado.  Medio año después partió el papá de mi papá a quien le dedique Lo que me deja la partida de mi abuelo.  Ahora solo me queda mi abuelito materno, pero a el no le hare un homenaje post mortem. No, a el no.

Hoy que es día de los muertos, recuerdo con mucho cariño a mis abuelitos que han partido.  Y al pensarlos, vino a mi mente un poema que me impacto tanto cuando era niña que aun lo recuerdo hasta hoy:

En Vida Hermano por Ana Maria Rabatte

Si quieres hacer feliz
a una persona que quieres mucho…
díselo HOY; sé muy bueno…
¡En vida, hermano, en vida!

Si deseas dar una flor,
no esperes a que se muera…
mándala, HOY, con amor…
¡En vida, hermano, en vida!

Si deseas decir: «te quiero»
a la gente de tu casa…
al amigo, cerca o lejos…
¡En vida, hermano, en vida!

No esperes a que se muera
la gente para quererla
y hacerle sentir tu afecto…
¡En vida, hermano, en vida!

Tú serás muy feliz,
si aprendes a hacer felices
a todos los que conozcas…
¡En vida, hermano, en vida!

Nunca visites panteones
ni llenes tumbas de flores.
Llena de amor corazones…
¡En vida, hermano, en vida!

Es por eso que, no esperare a que el dolor de su partida me inspire a contarles que  la gran importancia que es un abuelito en la vida de una niña, me la enseño mi Dadito: mi héroe que se fue a la segunda guerra mundial por cuatro años.  Durante este tiempo mantuvo una relación a larga distancia con su novia, toda una historia de amor con final feliz, pues al regresar de la guerra se casaron.  Trabajo como cónsul de los Estados Unidos viviendo en varios países, teniendo en cada uno de ellos infinidad de aventuras que gozaba escucharlas cuando me las contaba siendo niña.  Al retirarse escogieron establecerse en San Diego California.  Donde tengo gratos recuerdos de mi infancia:  Largas caminatas a la orilla del mar donde me enseñaba canciones o me contaba alguna de sus tantas increíbles historias. Recuerdo su casa siempre con música “viejita” tocando a todo volumen, y el tarareando esas canciones.  Me sacaba a bailar, dejándome poner mis zapatitos arriba de los suyos.

Orgulloso de su patria, no perdía oportunidad para tratar de contagiarme ese orgullo Americano, “mira que bonitos los edificios aquí en San Diego” “mira que puesta de sol en la playa” “mira que gran porta aviones” sin saber que su nieta había heredado su lado orgulloso, pero ella de su pequeña ciudad Obregón, que al no contar con grandes edificios, playas ni portaviones, no me quedo más que decirle “pero la luna en Obregón es más bonita” le causo tanta gracias que hasta hoy en día me lo platica como si hubiera pasado ayer.

Abuelo se que mi hermana me hará el favor de leerte estas líneas que espero te alegren un poco tu día, así como tu has alegrado mi vida. Gracias por todas tus historias que me has contado y por las historias que hemos pasado juntos. Te quiero mucho.

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