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Mamá primeriza a los treinta y quiubole

Hoy mis días están llenos de zapatitos, juguetes y la sonrisa de una pequeña personita que, aunque llegó a mi vida hace tan solo 14 meses, me cuesta trabajo imaginarme mi vida sin ella. Pero si hubo una época, que parece tan lejana, donde mi vida era puro trabajo, y los fines de semana un poco de parranda para despejarme antes de volver a trabajar. El llegar a ser esposa y madre era tan solo un anhelado sueño, que por razones del destino, se volvió realidad a una edad muy por arriba del promedio jaja. No era fácil encontrar a quien buscaba, así que cuando por fin apareció a mis treinta y quibole añitos, pues ¡no perdimos más tiempo!
La primera visita con mi doctor después de enterarme que estaba embarazada, preocupada pregunté ¿corre algún peligro mi bebe o podré tener alguna complicación en el embarazo por mi edad doctor? Y sonriendo me contestó que de lo único que tenía que preocuparme era de las reuniones de padres de familia en la escuela, pues quizás seamos los más grandecitos allí, pero fuera de eso, no tenia ¡nada de qué preocuparme!
Gracias a Dios el doctor tuvo razón, y no solo en el embarazo, también en la experiencia en general de ser mamá, no ha habido mayores razones por las cuales preocuparme. Quizás ahora que se la gran alegría que da un hijo haya momentos en los que pienso “de lo que me había perdido” ¿me hubiera gustado ser mamá más joven? ¡por supuesto! Pero ese no fue mi caso, así que solo puedo hablar de lo que me ha tocado vivir, ser mamá primeriza a los treinta y quibole:
Hubiera pensado que una de las desventajas de tener hijos más grande es la falta de paciencia, pero en mi caso fue al revés. Cuando trabajaba siempre andaba a mil por hora, mi ritmo de vida era demasiado acelerado y cuando algo no tenía la misma velocidad me hacía perder la paciencia fácilmente. Ahora he aprendido a tomarme las cosas con más calma, sigo siendo acelerada pero más tranquila. Me sirvieron mucho aquellos frenéticos años para ejercitar mi paciencia tan necesaria ahora, en especial en los momentos que mi personita favorita me hace algún berrinche porque no puede comprender por qué no la dejo abrir la taza del baño, ni sacar la basura de los basureros.
Lo que de plano si es un inconveniente es que ya no se tiene la misma energía que antes. Cuando por fin la pequeña bolita de energía cae dormida a las 8 de la noche, yo quiero caer junto con ella me deja ¡exahusta! Y en verdad me hace cuestionarme, ¿están seguros que los terribles son los dos años y no el primero?! ¡lo que me espera!

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A una mamá treinta y quiubolera le urge actualización, porque lo que nos tocó en nuestra época no necesariamente aplica hoy en día. Cuando quise bajar canciones infantiles lo único que se me ocurrió era Cepillin, Cri Cri, Enrique y Ana. Ibamos en el carro feliz escuchando nuestra nueva playlist, cuando de pronto escucho “Papi di por que niños como yo, no tienen con quien jugar y no tienen una mamá. Yo no se por qué mamá al cielo tuvo que ir, a papá le voy a pedir que me deje ir con mi mamá” ¡casi me hace llorar Cepillin con su canción tan triste!. Llegando a la casa comencé a actualizar mi lista, cambiando a Cepillin por el payaso Trepsi. También descubrí un grupo buenísimo que se llama Mother Goose Club, las canciones clásicas de Mother Goose pero con ritmos más modernos.

Otra de las ventajas de la maternidad tardía: longevidad. Según un análisis de New England Centenarian indicó que las madres que dieron a luz a su último hijo después de los 33 años tenían el doble de probabilidades de superar los 95 años de vida que las que lo hicieron a los 29 años, según el sitio muyinteresante.es. Yo desconozco los detalles de este análisis, no se por qué razón este hecho prolongue la vida de las mujeres, lo único que por mi experiencia se, es que mis ganas de querer ver crecer a mi criatura, son tantas que me motivan a cuidarme, a querer ser más saludable para poder seguir a su lado el mayor tiempo posible.
Todavía no va a la escuela y aun no me tocan esos eventos en los que seguramente seré de las mamás de mayor edad, pero estoy segura que no seré la única, pues cada vez somos más las que vivimos al máximo una soltería, que nos prepara para valorar y apreciar la gran dicha que es el ser mamá.

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