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Centenario de mi abuelo: Reflexión sobre nuestra vida moderna

Ayer mi abuelo cumplió cien años, y por vivir tan lejos me perdí el festejo, pero gracias a la tecnología por un momentito pude sentirme presente al marcarles por FaceTime y poder ver y saludar a toda mi familia que se encontraba feliz bailando en plena celebración.  Y cómo no estarlo pues nuestro abuelo cumplía ¡CIEN años!

¡Cien años! Eso significa que nació cuando comenzaba la primera guerra mundial, a sus 23 años Amelia Earthart se perdió en el pacifico y cuando tenía  27 ocurrió el bombardeo a Pearl Harbor;  la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki explotó a sus 31; cuando el hombre llegó a la luna por primera vez  tenía 55, 75 cuando cayó el muro de Berlín y 97 cuando salió el primer iPad.  Le tocó el nacimiento y muerte de Martin Luther King, JFK,  John Lennon, Pedro Infante y Nelson Mandela.  Nació  junto al jazz y le tocó bailar boogie woogie, big band, swing, rhytm and blues y rock and roll.  A lo largo de su vida han habido 23 presidentes de México,  9 papas y un sin fin de cambios de look de Madonna. Y tuvo la dicha de ver crecer a sus 5 hijos, 14 nietos y ha conocido a 21 bisnietos.

Su centenario me hizo reflexionar sobre las diferencias entre lo que le tocó vivir a él en su infancia y lo que le tocará  vivir ahora a mi pequeña.  La diferencia es ENORME, ya que los más grandes avances de la humanidad han ocurrido en los últimos 50 años.  Toda la tecnología que tenemos hoy en día (computadoras, internet, celulares, electrodomésticos,  en la medicina etc) no existían cuando era niño, pero ¿será mejor el futuro que el pasado?

Mi abuelo creció sano y con una gran memoria  a pesar de no haber sido estimulado con flashcards ni Baby Einstein.  Gracias a la falta de TV y videojuegos le tocó jugar afuera con sus hermanos y amiguitos del vecindario a las escondidas o los encantados.  Eran los años de la gran depresión, no había tanto consumismo, y con suerte cada niño  tenía un solo juguete, pero no les hacían falta más pues usaban su imaginación al ver una caja como un carrito o al hacer una hoja de un árbol volar como un ave.

Pero lamentablemente ahora todo eso se ha perdido, los niños ya casi no salen a jugar afuera, ni en grupo, los juegos son cada vez más individuales y estáticos.  Con tanto consumismo se entretienen pocos minutos con un juguete y si éste implica un esfuerzo, prefieren pasar al siguiente sin mayor trabajo.  Y no es que he decidido volverme Menonita y esté en contra de la tecnología, pues gracias a ella pude estar un momentito presente en el festejo de mi abuelo a 32,434 Km de distancia, y también puedo compartir con ustedes estas líneas.  Claro que le pongo Baby Einstain a la pequeña y le bajo las apps que considero más educativas, pero intento que juegue con ellas ocasionalmente y por poco tiempo.  E intento que realice actividades al exterior donde desarrolle su movilidad.  Esperando así que en un futuro sepa apreciar todas las cosas y no solo las tecnológicas.

No conocí a la mamá de mi abuelo, mi bisabuela, me hubiera gustado poder platicar con ella y preguntarle cómo era la maternidad en aquel entonces, estoy segura que las diferencias entre las mamás de antaño a las de hoy  también han de ser enormes.  Y ya que nunca pudimos platicar no me queda más que imaginarme:

Creo que a pesar de que no tenían muchísimas de las cosas que nos hacen más cómoda la vida hoy en día, como lavadoras de ropa etc. han de haber sido mucho más relajadas.  Quizás todas estas cosas que tenemos ahora, nos facilitan tanto la vida que nos dejan mucho tiempo libre y por lo tanto más tiempo para pensar:

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Tal vez antes estaban más ocupadas sembrando sus hortalizas, pasando todo el día en la cocina o haciendo la ropa de los niños, y no preocupándose por si los estaban estimulando lo suficiente.  Tal vez vivían más el momento, sin tantas distracciones. ¡Qué suertudas! ¿no?

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La verdad es que nosotros también somos afortunados al poder disfrutar de todos los avances tecnológicos que existen hoy en día, pero siento que no debemos encadenarnos a estos artefactos que, aunque nos acercan a nuestros seres queridos, jamás podrán remplazar el calor de su compañía.  Que nos ayudan a distraer por ratitos a los pequeños, pero no son la mejor niñera para ellos.

Entonces ¿Que fue/sera mejor el pasado o el futuro? ni uno ni otro, lo mejor es ¡el presente!  Por eso intentemos desconectarnos de vez en cuando, para volver a lo básico y vivir el momento.

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El cumpleañero con CASI toda la famila (faltamos los foráneos)  ¡Felicidades Papachi! un beso

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