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Globo Rojo

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Hoy llegó a mí un globo rojo.   Lo recibí después de acostar a mi niña para su siesta mañanera; en mi  tiempito en el que me termino el café y me pongo al tanto de lo que ocurre en el mundo y mi mundo, navegando por páginas de noticias y Facebook, blogs,  Instagram,  fue en esta última donde al ir bajando vi varias fotos de un adorable niño pelirrojo de no más de 4 años.  En algunas salía solo, en otras con sus padres, “cómo se parece a su papá” pensé al verlos juntos.  Me gustó una foto donde el niño salía de cabeza con ambos padres deteniéndolo de las piernas riendo a carcajadas.  Noté que todas las fotos iban seguidas del #redballoonsforryan ¿un globo rojo para Ryan?  Mi curiosidad me llevo a descubrir que se trataba de un movimiento para recaudar fondos para ayudar a la familia del niño con los gastos para su funeral.  Ryan fue atropellado cuando salió corriendo a la calle tras un frisbee.

No lo conocí, tampoco a sus padres, no sé ni siquiera de dónde es,  pero me pudo (entristeció) muchísimo enterarme de esa lamentable noticia.  Siempre he sentido empatía por lo que le sucede a los demás, pero desde que soy madre, el enterarme de un suceso como ese me afecta mucho más que antes. Siento que trae a flor de piel el peor miedo de cualquier padre.

Quizás de sucesos como estos podamos prevenir otros tomando algunas precauciones, como por ejemplo colocando alguna señalización de precaución si niños van a estar jugando cerca de donde pasen carros.

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Pero sin volvernos nerviosos, aprensivos, sobre-protectores, no dejándolos salir a jugar o estando siempre detrás de ellos con un guante de catcher esperando a cacharlos por si se caen. Tenemos que aceptar que vivir es aprender a caminar, aunque caiga, es que suba, baje, salte, salga, vivir es jugar frisbee.

Todo el día he tenido presente a esos padres, con quien me identifiqué al verlos tan contentos con su pequeño en aquellas fotos, y así como a mí llegó su triste historia en un globo rojo, de la misma forma yo les regreso, desde mi ventana en Guatemala a su destino desconocido, un globo rojo cargado de oraciones.  Y a tí también te mando uno con mis saludos y gratitud por leer mis líneas, cuéntame, me gustaría saber ¿hasta dónde lo recibiste?

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