Estaré en mi casa esta Navidad- Con cariño para todas las expatriadas

Soy la tercera generación de mujeres nómadas, no, no somos gitanas, simplemente el destino nos llevó a lugares distintos.  Mi abuela que era mexicana  se casó con un diplomático americano, lo que la llevó a vivir en varios países del mundo a lo largo de su vida; su hija, mi mamá se casó con un Mexicano por eso terminó viviendo en Ciudad Obregón Sonora, al norte de México, ciudad donde yo nací y crecí, pero para seguir la tradición de las mujeres de mi familia, me casé con un guatemalteco lo que me llevó también a vivir lejos del lugar que yo conocía como casa.

A pesar de que mi abuela vivió 70 años fuera de México, siempre fue mexicana de corazón, con su idioma, sus palabras, su comida y hasta el final de sus días disfrutaba regresar a su tierra, con su gente.  Ahora que me tocó a mí dejar mi tierra la comprendo tan bien, porque a pesar de que soy muy feliz aquí en Guatemala, extraño mi comida porque aunque aquí también hay tortillas, son de maíz y no de harina como las sonorenses, hay frijoles, pero son negros, no cafés como los que hace mi mamá, y los tacos definitivamente no saben igual.  Extraño a mi gente que habla y piensa más parecido a mí y extraño ese sentimiento de pertenencia que tengo  en cuanto piso tierra sonorense y que me hace decir  “de aquí soy”.

Aquí  en Guatemala tenemos nuestra casa mi esposo, mi hija y yo, que hemos formado con mucho amor y recuerdos, este es mi hogar.  Aquí está mi familia política y ya he hecho buenas amigas, gente que quiero.  Por eso tengo esa dualidad, de ser feliz aquí y a la vez sentir nostalgia por mi tierra.  Es algo complejo, porque si estoy en México, pero sin mi esposo o hija, aunque este en casa, extraño mi hogar, porque:

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Mañana viajamos, mi esposo mi hija y yo para pasar navidad con mis papás, mi corazón está pleno, lleno de dicha.  Cuento las horas para abrazar a mis padres y que mi hija juegue con sus abuelos, tíos y primos, dejarme consentir con los cuidados de mamá, regresar a mi recamara de niña, donde soñaba y jugaba a ser una novia que me casaba y ser mamá de mis muñecas, ahora regreso con mis sueños de infancia cumplidos y con tremendo antojo de comer tacos.

Este post va para todas las mujeres que el destino las ha llevado lejos y tienen esa dualidad de estar aquí y allá, las que no tienen la dicha de vivir a lado de sus papás y no pueden ir en las tardes a tomar café con su mamá, pero cuando tienen la oportunidad de poder hacerlo lo valoran enormemente, para las que tienen un corazón tan grande donde caben dos países.  Si tienen la suerte de viajar a casa y estar con sus familia, les deseo muy felices fiestas y que aprovechen cada comida, cada momento que se convertirá en preciados recuerdos que atesorarán cuando regresen. Y las que les toca pasarlo lejos, como dice esta canción de Luis Miguel:

Estaré en mí casa ésta navidad .

Tú serás la nieve y yo
el fuego de tu hogar
con la noche buena
llegará el amor
quiero estar contigo .
al menos con el corazón.

Estaré en mí casa
al menos con el corazón.

Será melón, será Chapina- criando a una niña multi nacional

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Por fin llegó el mundial y ¡ya estamos listas con nuestras playeras de México!, la verdad no es por el futbol, de eso no se mucho, es más por el orgullo que siento de ser mexicana y por querer transmitirle este sentimiento a mi hija, que aunque heredó mi nacionalidad, también tiene la de su papá que es guatemalteco. Y como vivimos en Guatemala, sé que el orgullo por esta tierra lo obtendrá de aquí mismo, rodeada de sus volcanes, con el calor de su gente y la belleza de esta tierra, pero el orgullo por lo mexicano, solo yo podré transmitírselo.

Aunque todavía no habla sé que cuando lo haga será con acento chapín (como les dicen a los Guatemaltecos), que hablará de “usted” y “vos”, y que en lugar de decir ¡qué padre!, dirá ¡que chilero!; cuando algo sea “chafa” dirá que es “cholero”; cuando quiera un “hot dog” pedirá un “shuco”, y cuando la llegue a llamar con un: ven para acá “buki” tremenda, no entenderá hasta que le diga, te estoy hablando “güira”. Y eso está bien, la verdad no quiero que le hagan bulling en la escuela por hablar raro jaja. Además es difícil ir en contra de la corriente, por eso yo misma ya he adoptado varias palabras. Al ver como todos le dicen, ¿ya te tomaste tu “pachita”? he dejado de llamarle “biberón”, o le pregunto si quiere su “pepe” cuando le ofrezco su “chupón”.

Pero sí quiero que sepa que, aunque la tortilla gordita de maíz que aquí se come es riquísima sobre todo recién salidita del comal, lo mejor para unos tacos de carne asada son las tortillas de harina. Que no solo hay frijol negro sino también pinto, y que todo puede saber mejor si le echas alguna de esas tantas salsas que hay en la cocina. Que sepa que es un “pulparindo” y un “tarugo” pero sobre todo que los coma como toda una mexicanita, ¡sin que le enchile!

Para subir un grado más la dificultad del asunto, no me gustaría tampoco que pase desapercibida su herencia americana, pues ella nació en EEUU, y es nieta y bisnieta de americanos, y fueron ellos, mis abuelos y mi mamá quienes me transmitieron el orgullo por mis raíces americanas las cuales también me gustaría que tuviera.

Esta Semana Santa me pude dar cuenta que si se puede malabarear esta diversidad cultural, pues el domingo de pascua, despertó con la visita del “Easter Bunny” y después me acompañó en una procesión (en Guatemala son impresionantes! Checa aquí ) y lo mexicano, bueno eso hasta la próxima Semana Santa que nos toque pasar en México, y conozca y baile junto a los fariseos.Imagen

Procesión de Jueves Santo en la noche, Antigua Guatemala

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Mi hija me acompaño cuando tuve el honor de cargara a La Virgen en su salida de Catedral de la Antigua Guatemala

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¡Llego el Easter Bunny!

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Los fariseos Yaquis, durante toda la cuaresma usan estas mascaras como  muestra de que se alejan del mundo material comprometiéndose a cumplir varias restricciones como sacrificio.  Van por las calles pidiendo monedas mientras bailan al ritmo de sus tambores  ¡me encanta verlos!

Es importante que conozca muy bien sus raíces para que no tenga una confusión de identidad, y sepa claramente quien es: una ciudadana del mundo, un mundo con una gran diversidad cultural, y en un futuro, infinidad de oportunidades.

Saludos 😉

Escape Chilango

Con la llegada de un bebe, los primeros tres meses las noches son cortadas, y cuando por fin puedes descansar toda la noche, necesitas cada una de esas horas de sueño para recargar las baterías necesarias para seguir al pequeño ser que, primero gateando y después con inestables pasitos, intenta llegar a todas partes.  El primer año es maravilloso, pero, ¡muy agotador!  Por eso cuando nos llegó la invitación de la boda de una amiga en el DF, justo después de festejar su primer cumpleaños, los dos pensamos ¡perfecto! Un escape más que necesario.

Viví siete años en el DF, una gran experiencia con tantos recuerdos como para llenar un libro, así que lo llené y lo llamé “Extranjera en mi País”.  Donde relato como una norteña viviendo en el DF llega a sentirse como extranjera, al encontrar en aquella gran urbe tantas diferencias a su pequeña ciudad de origen.  También describo la magia y encanto de esta macro cuidad, y son estas emociones las que siempre vienen a mi mente cuando pienso en la hermosa gran Ciudad de México.

La gran mayoría de los foráneos cuando visitan la ciudad capital piensan en quedarse en zonas como Polanco, la Condesa o Santa Fe por ser zonas consideradas más seguras.  Pero al enterarme que la boda sería en el Casino Español, en pleno centro histórico pensé ¿Por qué no quedarnos en el centro?.  Y no solo nos quedamos en el centro sino ¡en el Zócalo!  ¡No! No formamos parte de ninguna manifestación durmiendo en una carpita.  Bueno, fue frente al Zócalo, en el histórico “Hotel de La Ciudad de México”.  En cualquier otro relato de algún “escape” nombrar el hotel sería un dato irrelevante, pero en esta ocasión, el hotel fue parte esencial de la experiencia.  Porque en todos los años que viví en el DF jamás había caminado en el centro de noche, salía de allí antes de que se pusiera el sol por miedo a la inseguridad.  Pero ahora, con gusto descubrí que  hay mucha seguridad, ves policías en cada cuadra.  Y de noche el panorama cambia completamente.  Los edificios antiguos, ya sin la distracción de las vendimias en el primer piso, sin los mares de gente que inundan las calles y banquetas, lucen el esplendor de las épocas cuando fueron construidos, haciéndote soñar como fue la vida en aquellos años.

ImagenCaminando de noche por el centro histórico

La aventura comenzó desde que veníamos del aeropuerto, en el radio del taxi se escucha el reporte vial “las calles del centro comienzan a saturarse por la apertura de la feria de las culturas amigas en el zócalo” el taxista con mirada desesperanzada nos ve por el retrovisor  para decirnos “ mmmmm haber si entramos” .  Tengo que darle crédito porque hizo el esfuerzo y nos dejó a cuadra y media.  Y ahí vamos, yo que siempre le tuve tanto “respeto” al centro, cuando iba no llevaba ni bolsa, solo el dinero que pensaba usar en el pantalón, sin nada más, ni aretes, reloj, pulseras ¡nada!.  Y ahora, allí estábamos el par de turistas con bolsón de viaje (con pasaportes etc.), anillos de bodas, medallita de la virgen del Carmen a quien invoqué para que nos cuidara en el trayecto,  jalando las maletas desde Catedral rumbo a la calle 16 de Septiembre.

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Vitral Tiffany del Hotel de la Ciudad de México

Al día siguiente desperté sin estar segura si era real o solo un sueño.  Las campanadas de Catedral seguidas por las notas de un organillero lo confirmaban ¡despertaba en el corazón de mi país!  La torre Latinoamericana, Bellas Artes, La casa De Los Azulejos, todo aquello quedaba a distancia caminable ¡sin tener que sufrir el tráfico defeño!  Al caminar por las calles del centro, descubres que cada una de esas casonas tiene tantas historias que contar. Como al pasar por la calle de Moneda, puedes leer en la placa de una casa, que en 1539 había estado allí la primera imprenta en Latinoamérica.

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Vista de Bellas Artes desde el Sanborns de Los Azulejos

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Para mi ¡las mejores enchiladas Suizas son las de Sanborns!

Llego el día de la boda, la alegría de poder compartir con una querida amiga un día tan especial, el celebrar y bailar sin el pendiente de que la niña nos despertaría a las ¡6:30 de la mañana!

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Boda en el Casino Español ¡Hermosísimo!

Despertar tarde al día siguiente, y terminar de aprovechar el día porque ya era el último.  Y aunque habían sido cuatro días muy bien aprovechados, eran los suficientes porque ya comenzaba a extrañar a mi pequeña, a quien recordaba con cualquier personita que veía de su tamaño.  Intenté quitarme el remordimiento de conciencia por haberla dejado esos días comprándole un vestidito típico ¡tengo que transmitirle el orgullo de su origen Mexicano!.

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Regresé con unas inmensas ganas de abrazarla y comerla a besos, y con una renovada energía que me hicieron valorar y darme cuenta lo feliz que soy de regresar a mis labores de mamá y ama de casa.  Así que, si te encuentras en una situación similar, agotada por tu peque, te recomiendo que organicen una escapada, no tiene que ser a otro país, puede ser algún lugar cerca, pero eso si ¡bien desconectados! Porque no solo somos madres, también esposas, mujeres y necesitamos un descanso de vez en cuando.  Saludos