Un Legado

Para ser legendario no se tiene que descubrir una ley de la física como Einstein, tampoco tener algún  talento artístico/musical como Picasso o Mozart,  ni deportivo como Pelé o Babe Ruth. Simplemente con hacer bien y con corazón lo que hacemos día a día, podemos con nuestro ejemplo, dejar un legado a nuestros hijos y demás descendencia.

Hoy murió un ser legendario, su legado: ser una ejemplar esposa, mamá, abuela, ama de casa.

Nació hace 94 años en un pequeño pueblito de Sonora, México llamado Cocorit.  Cuando era novia de mi abuelo, él se fue a la segunda guerra mundial.  Pasaron 4 años y todos insistían que lo olvidara, le decían que ya no volvería más.  A pesar de la presión, ella continuó la espera, que bien valió la pena pues su gran amor regresó y se casaron.  Mi abuelo se volvió cónsul de Estados Unidos, lo que los llevo a vivir en varios países.  Pero el mundo no cambió a esa Cocoreña traviesa que se divertía en su pequeño pueblito robando naranjas de los huertos, siempre tuvo esa inocencia, esa gran capacidad de asombro y de poder encontrar lo hermoso en las cosas más sencillas.  Platicar con ella era una delicia, tenía una infinidad de historias maravillosas.  “Imagínate aquella pueblerina en cenas con presidentes y embajadores de todo el mundo” me contó,  “yo estaba acostumbrada a usar ropa sencilla, conservadora, pero cuando vi que en aquellas cenas usaban esos vestidazos, no quise que mi esposo se sintiera avergonzado de mí, me quité la pena, y aguanté la incomodidad de estar apretada de la cintura, y hasta de rojo carmesí me pinté los labios”. Su belleza era la misma por fuera que por dentro ¡muy hermosa! Y aún así, hasta sus últimos años, nunca descuidó su aspecto, siempre muy arregladita y perfumada, con su cabello esponjadito y uñas bien cuidadas.  Gracias por enseñarme la importancia del cuidado de nuestra imagen  y luchar por el matrimonio, acompañando siempre a mi abuelo, haciéndolo sentir orgulloso de llevarla de su brazo.  Y así paso la vida, siempre  del brazo de su viejito, quien permaneció a su lado hasta la hora de su partida.  Gracias por este gran ejemplo de matrimonio que nos muestra que sí existe un para siempre, que con amor se pueden superar todas las adversidades.  Bueno, amor y otra cosa más: Risas

Hace pocos años cuando fui a visitarlos, recostada sobre mi cama una noche antes de dormir,  escuchaba las carcajadas que venían desde su recámara, pensando lo maravilloso que era el hecho de que, a pesar de tener  toda una vida y pasar todos los días juntos, aún tenían motivos por los cuales reír a carcajadas.  Escucharlos era felicidad contagiosa.  Esa noche me quedé dormida con una sonrisa, anhelando, algún día tener la fortuna de poder encontrar a alguien con quien reír hasta que fuéramos viejitos.

El olor a café siempre te despertaba en su casa, dirigiéndote hacia la cocina donde la encontrabas feliz preparando algo rico ¡Era buenísima para cocinar! En cada país que vivió aprendía de su cocina.  Afortunadamente tengo varias de sus recetas, algunas escritas por ella, un tesoro de gran valor para mí.  Gracias, porque al hacer la comida a tu familia cada día, me enseñaste la importancia de preparar los alimentos  usando siempre tu ingrediente secreto: amor.

Llegamos a este mundo sin saber nada, pero afortunadamente existen ángeles como nuestros padres y abuelitos que nos enseñan mucho.  Estoy segura que hasta amar se aprende, y eso lo aprendí de ellos, de mis papás, de mi abuelo y mi abuelita chula.  “¿Qué hacemos con tanto amor que nos tenemos?” me preguntaba cuando era niña “¿qué te parece si lo metemos en frasquitos y lo vendemos?!” me proponía.   ¡Qué suerte la mía de no ser buena para vender! Porque tengo todo ese amor almacenado.

Gracias por ser una gran maestra que con su ejemplo me enseñó a ser la esposa, madre y ama de casa que ahora soy,  inspirándome a continuar tu legado.

Te amo eternamente.

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«Soy Feliz, Soy Mamá»

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Hace más de diez años descubrí mi fascinación por plasmar mis sentimientos en líneas, escribiendo, en aquel entonces, situaciones cotidianas que vivía, como mi descontento por la presión que ejerce la sociedad en la mujer soltera, dándome como resultado mi primer libro “Soy Feliz, Soy Soltera”.  No, no es un libro feminista que está en contra del matrimonio, al contrario, habla de cómo una soltería bien vivida, sin presiones, sin amarguras, puede llevarte a una buena elección de pareja.  Quizás tenía razón, pues después de una bien aprovechada soltería, apareció quien ahora es mi esposo y padre de mi hija.  Ahora “Soy ^aun más Feliz, Soy Soltera MAMA”

Mucho a cambiado desde aquellos días cuando podía desvelarme escribiendo hasta la madrugada.  Ahora me despierto (o mejor dicho mi sueño es interrumpido por un llanto) a la hora que en aquel entonces me iba a la cama.  Pero el sentimiento que me provoca el sentarme a escribir sigue siendo el mismo.  Por eso una vez más me encuentro frente a una página en blanco que me intimida, me reta, me hace cuestionarme ¿Quién leerá estas líneas? Quizá nadie, o tal vez alguien más que se encuentra como yo, descubriendo la gran aventura de ser mamá. Y ¿quién soy yo para hablar de esto? Si no soy una experimentada mamá (como mi suegra que tiene 11 hijos) solo tengo una y pocos meses de aprendizaje.  Pero no es mi experiencia lo que me lleva a  plasmar estas líneas, sino mi falta de ella, pues como toda madre primeriza siento miedo, ilusión y una gran responsabilidad por la vida de esta personita que algún día (espero que muy pronto) me llamara “mamá”.

 ¡Mamá! ¿yo?  La lleve en mi vientre por nueve meses, preparándome en este tiempo leyendo  “What to Expect When Youre Expecting”, seguía su desarrollo semanal en Babycenter.comtome junto a mi esposo una “clase para padres”  en el hospital, pero cuando por fin la tuve en mis brazos, sentí que nada de eso me había preparado  para su llegada.  Aquel ser tan frágil e indefenso dependía de mi para sobrevivir  ¡que susto!.  Tenía miedo a todo, a que se me fuera a caer, a que se ahogara tomando leche, a bañarla, cortarle las uñitas,  ¡llevarla a vacunar! ¡pánico! Si ella lloraba, yo lloraba también, ¿Cómo sabría lo que tiene la niña?.   La respuesta, me la dio el tiempo, al irnos conociendo poco a poco; ahora sé que tratándola con todo el amor y cuidado no pasa nada (a lo que no creo poder acostumbrarme nunca  es al pinchazo de las vacunas)  Y no es que ahora sea una valentona sin miedo a nada,  solo que, como se teme a lo que no se conoce, al irnos conociendo, voy soltando aquellos miedos, lo malo es que también, voy agregando nuevos:  ¿Cómo se educa a un hijo? me pregunto mientras sorprendida veo su gran potencial dramatúrgico cuando  hace berrinche, o ¿estaré estimulándola lo suficiente? Cuando me impresiona con las nuevas gracias que va aprendiendo cada día.  Pero mi mayor duda quizás es  ¿Cómo saber si estamos haciendo un buen trabajo como padres?, no hay libro, ni nadie que  tenga la respuesta, pues existen infinidad de estilos de crianza: padres aprehensibos «¿como es posible que no bañes a tu bebe con agua de garrafon?, otros más relajados «¿como? ¿lo bañas con agua purificada? ¡si lo purificado se quita en cuanto toca la tinita y de todas formas va a probar el jabon», estrictos «el niño debe saber quien manda» o “Let it be” «aquí el que manda es el bebe». Ademas, cada niño es distinto, así es que no puede haber un manual preciso que aplique para todos.

Pero cuando mi esposo y yo estamos abrazados viendo a nuestra hija jugar, al verla sonreír, pensamos: quizás no lo estamos haciendo tan mal.

Acompáñame en esta gran aventura de ser mamá, y ahora “bloggera”, quiero saber de ti déjame tus comentarios, saludos y hasta la próxima entrada.