Abuelitos a larga distancia

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Una de las personas que más quise y admire fue mi abuelita Carmen, les conté de ella en el post Un legado, siempre vivimos lejos, ella en EEUU y yo en México, pero eso no fue impedimento para que fuera una de las personas más importantes en mi vida.  Mi hija tiene la fortuna de tener a sus cuatro abuelos, vivimos cerca de los paternos, convive mucho con ellos y los quiere mucho, pero vivimos muy lejos de mis papás.  Me consuelo al saber que, al igual que yo, mi pequeña pueda tener una relación muy especial con sus abuelos a pesar de la distancia, pero eso depende mucho de mí.  Saco provecho de la tecnología y cuando estamos en Guatemala, hablamos casi a diario con ellos por facetime.  Recuerdo cuando hablábamos con mis abuelos, teníamos que apurarnos por lo caro que salía la larga distancia, pero ahora tenemos la suerte de poder hablar tranquilamente ya que al ser gratis no hay límite de tiempo, así que podemos hablar de todo, de sus avances y travesuras que hace día a día, esto hace que crezcan los lazos de familiaridad que hacen no sentir tanto la distancia física.

Pero no existe tecnología alguna que pueda transmitir como se siente un abrazo, por eso cuando se puede organizamos reunirnos, mis papás fueron a Guatemala en navidad, y ahora nosotras venimos a visitarlos.  La pequeña los ha gozado y ellos a ella ni se diga, y yo feliz de verlos a todos tan contentos.  Me encanta que venga a sus raíces, que conozca su historia, la otra parte de donde viene.

El día de los abuelos se celebra en diferentes países con diferentes fechas, pero en la gran mayoría se festeja hoy, 26 de julio día de los santos: San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y, por tanto, abuelos de Jesús. ¡Que gusto que nos toque estar aquí con los abuelos! Para festejarlos y aprovechar para decirles lo importante que son en la vida de la pequeña, a pesar de la distancia.

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Primeros pasos

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Ahora que doy mis primeros pasos en la blogsfera, coincido también con los primeros pasos de mi pequeña, y al igual como a ella le costó un poco soltarse al principio por miedo a caer y golpearse, a mí también se me dificultó un poco aventarme a comenzar, por temor a que nadie fuera a leerme. Pero gracias a herramientas como las estadísticas de la página que indican la cantidad de personas y los países donde te leen, me llevé una grata sorpresa al ver que si hay alguien más que se toma el tiempo de leerme.

Pude ver en la carita de mi pequeña cómo mis porras y palabras de ánimo, le daban la confianza y seguridad necesaria para dar paso tras paso. De la misma forma yo me lleno de ánimo al leer los comentarios de quien se ha identificado con algo de lo que he escrito.

Y así como ahora mi pequeña ya se soltó por que sabe que el caminar la lleva a descubrir mundos nuevo, yo también comienzo a disfrutar el maravilloso poder de la escritura, que lleva mis letras a tantos lugares tan lejanos e inimaginables y no solo a través de la distancia, sino también a través del tiempo, pues espero que algún día cuando mi pequeña sea mamá, pueda encontrar en estas líneas algo de utilidad.

Para ti que me lees a través del tiempo y la distancia ¡GRACIAS! porque me permites continuar con esta gran pasión que llena mi corazón.
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Soy yo, la mamá de la bebe que lloró durante el vuelo

Soy yo, la mamá de la bebe que lloró durante casi todo el vuelo, si aquella señora que volteaban a ver con ojos de pistola, a quien me decían con la mirada “mala madre atienda a su hija”.  Les voy a contar, no como explicación, porque no debo ninguna, mi hija aún es bebe y eso es lo que los bebes hacen, llorar cuando tienen algún malestar.  Lo que les voy a contar es algo que espero que le ayude a otras mamás que tengan planeado volar con bebes y también como compensación para aquellos pasajeros que se molestaron con su llanto, esperando que estos consejitos les ayude cuando tengan hijos, porque seguramente aún no tiene, pues de tenerlos hubieran comprendió sin ser tan prejuiciosos.

Este es el tercer vuelo para mi pequeña, la primera vez fue a los dos meses, lo que me preocupaba aquella ocasión era que cuando tenía hambre lo hacía saber con un gran llanto, así que me preparé para que al notar los primeros síntomas de hambre, tener lista su lechita.  Me ayudó mucho que nunca la acostumbré a tomar la leche caliente, siempre fue a temperatura ambiente.  Eso hizo todo mucho más práctico.  Fue una excelente pasajera.

Su segundo viaje fue a los diez meses, aquí me preocupaba que no fuera a quedarse quieta durante el vuelo porque ya sabía gatear, pero con una buena dotación de juguetes logré distraerla y una vez más fue una gran viajera que se ganó a los demás pasajeros a quien les decía bye bye al bajar del avión.

En esta ocasión, a su año dos meses, aunque ya me había demostrado que no valía la pena que me preocupara, el hecho de que ya sabía caminar y sería un viaje de dos vuelos, con una escala de seis horas, un viaje de 12 horas en total, me preocupaba un poco, pero me preparé lo mejor que pude:

Para el primer vuelo, dejé que se cansara en la sala de espera, caminó por todas partes explorando cada rincón del lugar, se subió y bajó de las sillas y socializó con su compañero de al lado, quien la entretuvo jugando avioncito con su piecito y otros juegos, sin que la pequeña tuviera la más mínima idea de que se trataba de un famoso personaje de la política nacional.

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La pequeña con su nuevo amigo Cuauhtémoc Cárdenas

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Jugar en la sala de espera para dormir en el vuelo ¡perfecto!

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Llevar una buena dotación de apps para bebes es una gran herramienta que da mucho tiempo de distracción. 

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También es buena idea llevar una variedad de snaks

En un día de viaje el único itinerario importante es el de los vuelos, el del niño no tanto, no está en su casita con sus cosas a las que está acostumbrado, así que no es recomendable seguir un estricto horario, si quiere comer que coma.  Con mayor razón lo que tome, volar deshidrata así que si quiere tomar más biberones con jugo o agua de lo que acostumbra mejor.  Y si los toma al despegue o al aterrizaje ayuda a que no le duelan los oídos.

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Si se tiene que esperar varias horas de escala hay que ir bien preparados

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Supuestamente la carreola es para la bebe, pero el verdadero uso es para retacarlo de tooodas las cosas necesarias para ella.  Yo aprovecho todo los compartimentos que tiene, y hasta le añadí un gran gancho para poder colgar cómodamente la pañalera.

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Libros de cuentos, para colorear, juguetes pequeños que no sean ruidosos para que también se pueda usar durante el vuelo, son alguna de las cositas que le puedes llevar para distracción

En una espaciosa esquina no muy transitada, armamos nuestra área de juegos.   Después de entretenernos allí un buen tiempo al comenzar a notarla desesperada, levanté todo,  la subí a la carriola y nos entretuvimos paseando y entrando a todas las tienditas. Ese es otro buen rato de entretenimiento, hasta que nuevamente comienza a desesperarse, momento para la siguiente actividad, soltarla a que camine.  Para esto es muy recomendable un buen arnés, pues como tú estás con todas las cosas, la criatura no sale disparada, sino que explora dentro de tu misma circunferencia.

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Y después de caminar un buen rato comenzamos nuevamente, armar zona de juegos, paseo en carriola, caminar, así hasta llegar la hora de abordar.

Pero por más preparada que vallas, un viaje tan largo es agotador, pesado para un adulto y con mayor razón para un bebe.  En el segundo vuelo le di jugo al abordar y se quedó dormida antes del despegue, durmió una media hora, después se despertó irritada, en esta ocasión nada funcionó, ni el ipad lleno de apps, ni los snacks, ni el juguito nada, todo empeoró cuando comenzamos a descender, en ese vuelo se sintió más de lo normal la despresurización, la pequeña se agarraba sus oídos y lloraba con notable dolor.  En esos momentos recordé lo que me dijo mi esposo, un gran consejo que me ayudó mucho porque sabe lo nerviosa que soy, “se que harás todo lo posible para que la niña no llore durante el vuelo, pero si llora, no te preocupes, solo es una bebe”.  Lo que no podía evitar era sentir gran tristeza al ver que mi pequeña sentía dolor, es muy frustrante, dan ganas de ponerte a llorar junto con ella, y encima de eso tienes la mirada de descontento de algunos pasajeros.  Pero afortunadamente cuando se acaba el vuelo se acaba el llanto.  Bajamos y vemos en la sala de espera a mis padres, los abuelitos y a pesar del agotamiento físico y emocional me digo al verlos «todo valió la pena”

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No es fácil ser bebe

Mi esposo me mandó este artículo “5 Reasons Modern-Day Parenting Is in Crisis, According to a British Nanny‏”  donde  la autora, Emma Jenner, habla sobre los mayores problemas que enfrentan los padres hoy en día.  Varios puntos llamaron mi atención, en especial donde habla sobre los berrinches.  Dice que si el niño quiere hacer berrinche, que lo haga, pero que por ningún motivo se le conceda lo que pide solo para que deje de berrear, porque lo que el niño aprendería sería:  hago berrinche y así consigo lo que quiero.

Terminando de leer el artículo volteo a ver a mi personita favorita que para no variar se encontraba al lado mío.  Se había quitado su zapatito y lo estaba mordiendo de lo más tranquila.  Inmediatamente me lanzo sobre ella para quitarle el zapato explicándole que es algo sucio que no se mete a la boca,  claro está que no me  entendió nada, y estalla en llanto.  Como tenía el articulo fresquecito, me repetía a mí misma, “no cedas, tiene que saber que haciendo berrinche no gana nada”

Mientras veía sorprendida aquella dramática muestra de descontento, descubrí, al fondo de aquella boca completamente abierta, unas afiladas muelas que se asomaban entre sus encías.

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¡A mi pequeña le estaban saliendo las muelas! y había encontrado al morder su zapatito, un momentáneo alivio a aquel dolor tan fuerte.  Y mientras yo pensaba, no cedas al berrinche, seguramente ella pensaba “por qué mi mamá me quitó eso que me estaba haciendo sentir alivio”.  Pero al no poder hablar, se expresó como sabe, con llanto.

Y recordé una parte del libro “Gritos y Susurros” donde Rossana Fuentes- Berain relata la angustia y frustración que sintió al no poderse comunicar cuando se perdió en el metro en Japón “…El conserje del hotel me entregó un papelito con la dirección exacta.  Me explicó cuántas paradas de Metro tenía que recorrer y cómo, al llegar a la estación específica, bastaría con caminar una cuadra a la derecha, mostrar a algún transeúnte lo escrito y ¡listo!  Tal cual, llegué al Metro.  Conté meticulosamente 12 estaciones.  Bajé, caminé una cuadra, enseñé el papelito y nada.  Uno y otro transeúnte trataban de darme indicaciones que yo no comprendía.  Volví a la estación.  No tenía idea dónde estaba.  No podía leer las indicaciones, por que los señalamientos estaban en caracteres japoneses y no había iconos reconocibles.  Vamos ¡no entendía ni una palabra!  Nada.  Súbitamente estaba convertida en una analfabeta.  El miedo empezó a invadirme.  Ni siquiera sabía cómo regresar al mundo del alfabeto…”

Y es hasta que vemos una situación como esta, cuando nos damos cuenta lo dependientes que somos del lenguaje y en el estado tan vulnerable que se encuentra quien no tiene la habilidad de poderse comunicar.

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Quizás la vida de un bebe que come, juega y duerme, nos pareciera de lo más relajada, y la verdad es que si lo es, pero también el no poderse comunicar, ha de ser muy frustrante y nada fácil.  Entonces, es aquí cuando nuestra labor como mamás tiene que tener otra función más, la de traductora de llantos, y aunque es sencillo diferenciar un llanto: por cansancio, por hambre, dolor.  Cuando se complica un poco más es cuando más bien es un berrinche, y es en estos casos donde tenemos que ponernos en su lugar y tratar de comprender el porqué, y quizás sea algo sencillo que podamos solucionar rápidamente, como en el caso que mencioné del zapato, cambiárselo por algún juguete suave que también hubiera podido mordisquear para aliviar un poco su encía.  No es fácil, tenemos que tener paciencia y cuando de plano no logremos descifrar el motivo del llanto, respirar profundamente pensando “esta es una fase que pronto pasará” ¡ánimo!

Mamá primeriza a los treinta y quiubole

Hoy mis días están llenos de zapatitos, juguetes y la sonrisa de una pequeña personita que, aunque llegó a mi vida hace tan solo 14 meses, me cuesta trabajo imaginarme mi vida sin ella. Pero si hubo una época, que parece tan lejana, donde mi vida era puro trabajo, y los fines de semana un poco de parranda para despejarme antes de volver a trabajar. El llegar a ser esposa y madre era tan solo un anhelado sueño, que por razones del destino, se volvió realidad a una edad muy por arriba del promedio jaja. No era fácil encontrar a quien buscaba, así que cuando por fin apareció a mis treinta y quibole añitos, pues ¡no perdimos más tiempo!
La primera visita con mi doctor después de enterarme que estaba embarazada, preocupada pregunté ¿corre algún peligro mi bebe o podré tener alguna complicación en el embarazo por mi edad doctor? Y sonriendo me contestó que de lo único que tenía que preocuparme era de las reuniones de padres de familia en la escuela, pues quizás seamos los más grandecitos allí, pero fuera de eso, no tenia ¡nada de qué preocuparme!
Gracias a Dios el doctor tuvo razón, y no solo en el embarazo, también en la experiencia en general de ser mamá, no ha habido mayores razones por las cuales preocuparme. Quizás ahora que se la gran alegría que da un hijo haya momentos en los que pienso “de lo que me había perdido” ¿me hubiera gustado ser mamá más joven? ¡por supuesto! Pero ese no fue mi caso, así que solo puedo hablar de lo que me ha tocado vivir, ser mamá primeriza a los treinta y quibole:
Hubiera pensado que una de las desventajas de tener hijos más grande es la falta de paciencia, pero en mi caso fue al revés. Cuando trabajaba siempre andaba a mil por hora, mi ritmo de vida era demasiado acelerado y cuando algo no tenía la misma velocidad me hacía perder la paciencia fácilmente. Ahora he aprendido a tomarme las cosas con más calma, sigo siendo acelerada pero más tranquila. Me sirvieron mucho aquellos frenéticos años para ejercitar mi paciencia tan necesaria ahora, en especial en los momentos que mi personita favorita me hace algún berrinche porque no puede comprender por qué no la dejo abrir la taza del baño, ni sacar la basura de los basureros.
Lo que de plano si es un inconveniente es que ya no se tiene la misma energía que antes. Cuando por fin la pequeña bolita de energía cae dormida a las 8 de la noche, yo quiero caer junto con ella me deja ¡exahusta! Y en verdad me hace cuestionarme, ¿están seguros que los terribles son los dos años y no el primero?! ¡lo que me espera!

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A una mamá treinta y quiubolera le urge actualización, porque lo que nos tocó en nuestra época no necesariamente aplica hoy en día. Cuando quise bajar canciones infantiles lo único que se me ocurrió era Cepillin, Cri Cri, Enrique y Ana. Ibamos en el carro feliz escuchando nuestra nueva playlist, cuando de pronto escucho “Papi di por que niños como yo, no tienen con quien jugar y no tienen una mamá. Yo no se por qué mamá al cielo tuvo que ir, a papá le voy a pedir que me deje ir con mi mamá” ¡casi me hace llorar Cepillin con su canción tan triste!. Llegando a la casa comencé a actualizar mi lista, cambiando a Cepillin por el payaso Trepsi. También descubrí un grupo buenísimo que se llama Mother Goose Club, las canciones clásicas de Mother Goose pero con ritmos más modernos.

Otra de las ventajas de la maternidad tardía: longevidad. Según un análisis de New England Centenarian indicó que las madres que dieron a luz a su último hijo después de los 33 años tenían el doble de probabilidades de superar los 95 años de vida que las que lo hicieron a los 29 años, según el sitio muyinteresante.es. Yo desconozco los detalles de este análisis, no se por qué razón este hecho prolongue la vida de las mujeres, lo único que por mi experiencia se, es que mis ganas de querer ver crecer a mi criatura, son tantas que me motivan a cuidarme, a querer ser más saludable para poder seguir a su lado el mayor tiempo posible.
Todavía no va a la escuela y aun no me tocan esos eventos en los que seguramente seré de las mamás de mayor edad, pero estoy segura que no seré la única, pues cada vez somos más las que vivimos al máximo una soltería, que nos prepara para valorar y apreciar la gran dicha que es el ser mamá.

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Será melón, será Chapina- criando a una niña multi nacional

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Por fin llegó el mundial y ¡ya estamos listas con nuestras playeras de México!, la verdad no es por el futbol, de eso no se mucho, es más por el orgullo que siento de ser mexicana y por querer transmitirle este sentimiento a mi hija, que aunque heredó mi nacionalidad, también tiene la de su papá que es guatemalteco. Y como vivimos en Guatemala, sé que el orgullo por esta tierra lo obtendrá de aquí mismo, rodeada de sus volcanes, con el calor de su gente y la belleza de esta tierra, pero el orgullo por lo mexicano, solo yo podré transmitírselo.

Aunque todavía no habla sé que cuando lo haga será con acento chapín (como les dicen a los Guatemaltecos), que hablará de “usted” y “vos”, y que en lugar de decir ¡qué padre!, dirá ¡que chilero!; cuando algo sea “chafa” dirá que es “cholero”; cuando quiera un “hot dog” pedirá un “shuco”, y cuando la llegue a llamar con un: ven para acá “buki” tremenda, no entenderá hasta que le diga, te estoy hablando “güira”. Y eso está bien, la verdad no quiero que le hagan bulling en la escuela por hablar raro jaja. Además es difícil ir en contra de la corriente, por eso yo misma ya he adoptado varias palabras. Al ver como todos le dicen, ¿ya te tomaste tu “pachita”? he dejado de llamarle “biberón”, o le pregunto si quiere su “pepe” cuando le ofrezco su “chupón”.

Pero sí quiero que sepa que, aunque la tortilla gordita de maíz que aquí se come es riquísima sobre todo recién salidita del comal, lo mejor para unos tacos de carne asada son las tortillas de harina. Que no solo hay frijol negro sino también pinto, y que todo puede saber mejor si le echas alguna de esas tantas salsas que hay en la cocina. Que sepa que es un “pulparindo” y un “tarugo” pero sobre todo que los coma como toda una mexicanita, ¡sin que le enchile!

Para subir un grado más la dificultad del asunto, no me gustaría tampoco que pase desapercibida su herencia americana, pues ella nació en EEUU, y es nieta y bisnieta de americanos, y fueron ellos, mis abuelos y mi mamá quienes me transmitieron el orgullo por mis raíces americanas las cuales también me gustaría que tuviera.

Esta Semana Santa me pude dar cuenta que si se puede malabarear esta diversidad cultural, pues el domingo de pascua, despertó con la visita del “Easter Bunny” y después me acompañó en una procesión (en Guatemala son impresionantes! Checa aquí ) y lo mexicano, bueno eso hasta la próxima Semana Santa que nos toque pasar en México, y conozca y baile junto a los fariseos.Imagen

Procesión de Jueves Santo en la noche, Antigua Guatemala

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Mi hija me acompaño cuando tuve el honor de cargara a La Virgen en su salida de Catedral de la Antigua Guatemala

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¡Llego el Easter Bunny!

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Los fariseos Yaquis, durante toda la cuaresma usan estas mascaras como  muestra de que se alejan del mundo material comprometiéndose a cumplir varias restricciones como sacrificio.  Van por las calles pidiendo monedas mientras bailan al ritmo de sus tambores  ¡me encanta verlos!

Es importante que conozca muy bien sus raíces para que no tenga una confusión de identidad, y sepa claramente quien es: una ciudadana del mundo, un mundo con una gran diversidad cultural, y en un futuro, infinidad de oportunidades.

Saludos 😉

Globo Rojo

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Hoy llegó a mí un globo rojo.   Lo recibí después de acostar a mi niña para su siesta mañanera; en mi  tiempito en el que me termino el café y me pongo al tanto de lo que ocurre en el mundo y mi mundo, navegando por páginas de noticias y Facebook, blogs,  Instagram,  fue en esta última donde al ir bajando vi varias fotos de un adorable niño pelirrojo de no más de 4 años.  En algunas salía solo, en otras con sus padres, “cómo se parece a su papá” pensé al verlos juntos.  Me gustó una foto donde el niño salía de cabeza con ambos padres deteniéndolo de las piernas riendo a carcajadas.  Noté que todas las fotos iban seguidas del #redballoonsforryan ¿un globo rojo para Ryan?  Mi curiosidad me llevo a descubrir que se trataba de un movimiento para recaudar fondos para ayudar a la familia del niño con los gastos para su funeral.  Ryan fue atropellado cuando salió corriendo a la calle tras un frisbee.

No lo conocí, tampoco a sus padres, no sé ni siquiera de dónde es,  pero me pudo (entristeció) muchísimo enterarme de esa lamentable noticia.  Siempre he sentido empatía por lo que le sucede a los demás, pero desde que soy madre, el enterarme de un suceso como ese me afecta mucho más que antes. Siento que trae a flor de piel el peor miedo de cualquier padre.

Quizás de sucesos como estos podamos prevenir otros tomando algunas precauciones, como por ejemplo colocando alguna señalización de precaución si niños van a estar jugando cerca de donde pasen carros.

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Pero sin volvernos nerviosos, aprensivos, sobre-protectores, no dejándolos salir a jugar o estando siempre detrás de ellos con un guante de catcher esperando a cacharlos por si se caen. Tenemos que aceptar que vivir es aprender a caminar, aunque caiga, es que suba, baje, salte, salga, vivir es jugar frisbee.

Todo el día he tenido presente a esos padres, con quien me identifiqué al verlos tan contentos con su pequeño en aquellas fotos, y así como a mí llegó su triste historia en un globo rojo, de la misma forma yo les regreso, desde mi ventana en Guatemala a su destino desconocido, un globo rojo cargado de oraciones.  Y a tí también te mando uno con mis saludos y gratitud por leer mis líneas, cuéntame, me gustaría saber ¿hasta dónde lo recibiste?

Mamá fría

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Regresando de cuatro días de descanso, con unas inmensas ganas de abrazar a mi pequeña, resulta que tengo tremenda infección en la garganta, de esas que te tumban con calentura, dolor de cabeza, cuerpo cortado.  El diagnóstico: amigdalitis, bronquitis y otras enfermedades más que también terminan en itis.  Y aquí me tienen en cama con nebulizador, antibióticos, desesperación, mínimo dos días para que las medicinas hagan efecto y pueda tener contacto con ella.

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Soy una mamá muy encimosa, lo sé cuando la abrazo fuerte fuerte y me empuja tratando de escapar de mi asfixiantes brazos.  Pero al recordar lo rápido que dejó de ser bebe y pasó a ser “toddler”  trato de aprovecharla cada instante, y en cuanto tengo otra oportunidad vuelvo a apretujarla fuertemente.

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Hoy tengo que ser, muy en contra de mi esencia, de mi naturaleza, una mamá fría, que no abraza, que no la toca para hacerle cariños, que no la tiene a su lado todo el día.  Y ella lo nota, a pesar de que escapa de mis brazos cuando los tiene, ahora que por su bien no puedo dárselos, se me acerca, me los pide, se conforma con recostar su cabecita en mis muslos y si empiezo con ataque de tos y debo alejarme, me reclama con llanto mi “desprecio”.  Sé que no entiende por qué lo hago, no puede comprender porque de pronto me he vuelto  como la mamá de la pelicula «Mommie dearest» o «Angelitos negros»,  solo espero no ocasionarle ningún trauma jaja y prometo pagarle todos estos besos, abrazos y cariños con intereses, al fin y al cabo ya me demostró que ¡también a ella le gustan! Qué felicidad 😉 y tu ¿ya abrazaste a tus hijos hoy? ¡aprovecha que si puedes! saludos

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El primer año

El pastel y la piñata ya están listos para mañana, mi pequeña ¡cumple uno!. Hace un año esta noche comenzaban las contracciones, con ello iniciábamos también, una aventura de la cual no teníamos la más mínima idea de lo que nos esperaba. En verdad ¡ni idea! y es así como te avientas todo este maravilloso asunto de “la paternidad”, ingenuos desde el principio:

El parto, el no saber a lo que te enfrentas, las mil preguntas que invaden tu mente ¿cómo saber cuando llega la hora?, ese cuestionamiento me aterraba y más porque nos habían explicado en el hospital que cualquier falsa alarma te cobraban ¡bastante! Ahora sé que cuando llega la hora ¡lo sabes!.

Sofía llego después de un largo día de complicaciones que me llevaron al quirófano. Como no estaba planeada la cesárea, no tuve tiempo de ponerme muy nerviosa por ello. Bueno, cuando vi aquel reflector metálico sobre mi cabeza y la sala llena de doctores, si ¡mucho! Pero gracias a Dios ahí estaba mi esposo a quien le pedí que me platicara cualquier cosa para distraerme “¿sabes qué hora es?” me dijo, “la misma hora en la que hace un año estábamos entrando a la iglesia”. Y así, justo al momento de nuestro primer aniversario conocimos a ese ser tan pequeñito que nos hace sentir un amor tan grande, y que nos cambió la vida ¡por completo!.

Todo cambia con la llegada de un bebe. Hasta algo tan rutinario que antes hacías inconscientemente, como ir al baño por ejemplo, se vuelve ahora algo que tienes que planear, porque esos 20 segundos que te tardas ahí adentro son suficientes para que el pequeño ser con ansias por descubrir el mundo, encuentre en alguna parte unas tijeras o aunque sea un gancho de ropa, que en sus manitas tu lo ves como un objeto pulso cortante.

Sales del hospital con esa personita, tu hija, tú, eres su mamá. Si, ahora eres mamá, y como tal, crees que debes de contar con absolutamente todo lo que, con tu inexperiencia deduces que pueda necesitar.  Y sales a todas partes con una gran pañalera  vacía de cosas necesarias, pero que no sabes que puedes llegar a necesitar, como un cambio de ropa por ejemplo, pues desconoces la gran capacidad de un bebe para ensuciar ropita.  Pero eso si llena de  una lista interminable de objetos, que con el tiempo vas descubriendo que son totalmente innecesarios, como un montón de juguetitos ¡para que! Si esos ya los conoce y le llama más la atención un novedoso salero, una servilleta o lo que haya en el lugar a donde van.

Los primeros meses me preguntaba llorando (es muy cierto la depresión post parto causada por el revoloteo de hormonas y falta de sueño) “¿Por qué nadie te dice lo difícil que es esto?” la verdad si es muy pesado, sobre todo cansado. Pero después de los tres meses donde el bebe ya duerme toda la noche, comienza a ser todo más tranquilo. Además, en este tiempo ya conoces más al bebe y también ¡a ti misma! te has sorprendido gratamente con ese lado maternal que no sabías que tenías, pero que gracias a tu bebe descubriste. Hasta tienes nuevos súper poderes como el de limpiar un pañal sin sentir nada de asco!. Definitivamente un bebe saca lo mejor de ti en muchos aspectos, por ejemplo te hace menos egoísta, si vas a un centro comercial prefieres mil veces más comprar unos adorables zapatitos talla minúscula que unos para ti.

Bueno, me voy a dormir, mañana tenemos mucho que festejar.  Celebrare que hoy mis días empiezan con un sol brillante, aunque afuera esté nublado, y que al atender aquel llamado que viene desde la cuna me recibe paradita sujetada fuertemente de los barrotes, con sus pelos parados y su sonrisa chimuela que brilla cual estrella luminosa. Con su dulce mirada que hipnotiza, haciéndome olvidar completamente que tan solo 12 horas atrás sentía gran alivio, ya que por fin aquel terremoto habia caído dormida. Festejo mi más grande bendición que llena de alegrías, sustos: “qué te metiste?!” mientras saco pedacitos de objetos no identificados de su boca “ cuidad….. wuaaaaaaaaaa”, “¡no! Eso no se jala!” “¡no! Eso se quiebra” “¡no! Eso está sucio” “¡no!” “¡no!” “¡no!”, y sorpresas todos mis días.

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«Soy Feliz, Soy Mamá»

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Hace más de diez años descubrí mi fascinación por plasmar mis sentimientos en líneas, escribiendo, en aquel entonces, situaciones cotidianas que vivía, como mi descontento por la presión que ejerce la sociedad en la mujer soltera, dándome como resultado mi primer libro “Soy Feliz, Soy Soltera”.  No, no es un libro feminista que está en contra del matrimonio, al contrario, habla de cómo una soltería bien vivida, sin presiones, sin amarguras, puede llevarte a una buena elección de pareja.  Quizás tenía razón, pues después de una bien aprovechada soltería, apareció quien ahora es mi esposo y padre de mi hija.  Ahora “Soy ^aun más Feliz, Soy Soltera MAMA”

Mucho a cambiado desde aquellos días cuando podía desvelarme escribiendo hasta la madrugada.  Ahora me despierto (o mejor dicho mi sueño es interrumpido por un llanto) a la hora que en aquel entonces me iba a la cama.  Pero el sentimiento que me provoca el sentarme a escribir sigue siendo el mismo.  Por eso una vez más me encuentro frente a una página en blanco que me intimida, me reta, me hace cuestionarme ¿Quién leerá estas líneas? Quizá nadie, o tal vez alguien más que se encuentra como yo, descubriendo la gran aventura de ser mamá. Y ¿quién soy yo para hablar de esto? Si no soy una experimentada mamá (como mi suegra que tiene 11 hijos) solo tengo una y pocos meses de aprendizaje.  Pero no es mi experiencia lo que me lleva a  plasmar estas líneas, sino mi falta de ella, pues como toda madre primeriza siento miedo, ilusión y una gran responsabilidad por la vida de esta personita que algún día (espero que muy pronto) me llamara “mamá”.

 ¡Mamá! ¿yo?  La lleve en mi vientre por nueve meses, preparándome en este tiempo leyendo  “What to Expect When Youre Expecting”, seguía su desarrollo semanal en Babycenter.comtome junto a mi esposo una “clase para padres”  en el hospital, pero cuando por fin la tuve en mis brazos, sentí que nada de eso me había preparado  para su llegada.  Aquel ser tan frágil e indefenso dependía de mi para sobrevivir  ¡que susto!.  Tenía miedo a todo, a que se me fuera a caer, a que se ahogara tomando leche, a bañarla, cortarle las uñitas,  ¡llevarla a vacunar! ¡pánico! Si ella lloraba, yo lloraba también, ¿Cómo sabría lo que tiene la niña?.   La respuesta, me la dio el tiempo, al irnos conociendo poco a poco; ahora sé que tratándola con todo el amor y cuidado no pasa nada (a lo que no creo poder acostumbrarme nunca  es al pinchazo de las vacunas)  Y no es que ahora sea una valentona sin miedo a nada,  solo que, como se teme a lo que no se conoce, al irnos conociendo, voy soltando aquellos miedos, lo malo es que también, voy agregando nuevos:  ¿Cómo se educa a un hijo? me pregunto mientras sorprendida veo su gran potencial dramatúrgico cuando  hace berrinche, o ¿estaré estimulándola lo suficiente? Cuando me impresiona con las nuevas gracias que va aprendiendo cada día.  Pero mi mayor duda quizás es  ¿Cómo saber si estamos haciendo un buen trabajo como padres?, no hay libro, ni nadie que  tenga la respuesta, pues existen infinidad de estilos de crianza: padres aprehensibos «¿como es posible que no bañes a tu bebe con agua de garrafon?, otros más relajados «¿como? ¿lo bañas con agua purificada? ¡si lo purificado se quita en cuanto toca la tinita y de todas formas va a probar el jabon», estrictos «el niño debe saber quien manda» o “Let it be” «aquí el que manda es el bebe». Ademas, cada niño es distinto, así es que no puede haber un manual preciso que aplique para todos.

Pero cuando mi esposo y yo estamos abrazados viendo a nuestra hija jugar, al verla sonreír, pensamos: quizás no lo estamos haciendo tan mal.

Acompáñame en esta gran aventura de ser mamá, y ahora “bloggera”, quiero saber de ti déjame tus comentarios, saludos y hasta la próxima entrada.